Entendió ahora???
Había pasado mi cumpleaños y todo el fin de semana con un dolor profundo, intermitente y a veces insoportable en mis intestinos. Suponía era resultado de una inflamación diverticular, pero preocupada, ya había solicitado hora con una gastroenteróloga de mi sociedad médica. Quería solicitarle me indicara algún estudio, ecografía o similar, ya que hacía más de 5 años no me examinaban y al haber cambiado mucho mi dieta, suponía era conveniente realizar un seguimiento.
Quizá ese fue mi atrevimiento, "suponer" y acá recaigo en mis amados diccionarios: dícese de... y encuentro dos definiciones: 1.- Considerar una cosa verdadera o real a partir de ciertos indicios o señales, sin tener certeza completa de ella; 2.- Considerar una cosa cierta, verdadera o real para desarrollar un razonamiento o actuar de cierto modo.
Lo que yo consideré, en mi osadía, como real, verdadero o cierto, era que tenía derecho a ser escuchada; lo que consideré como real, verdadero o cierto, era que un profesional de la salud iba a tomar en cuenta mis derechos como paciente e iba a contestar mis preguntas; lo que consideré como real, verdadero o cierto... es que además iba a esta frente a una persona que, supuestamente, en la Facultad de Medicina o mediante su práctica, había desarrollado la empatía.
Y sí, NO se debe suponer, ni considerar. No fui escuchada, fui tratada con displicencia, no se consideró lo que expresé y se me despidió indicándome con un vómito de palabras cómo tomar tres remedios que me recetaba. Utilizo la palabra "vómito" porque así sentí la indicación: "Usted me cae mal, no resisto recibirla y por eso vomito lo que siento, acá lo tiene". Es imposible entender algo así, por lo tanto totalmente bloqueada le pregunté me repitiera la indicación. Lo hizo y me preguntó: Entendió ahora??? También le pregunté para qué era cada remedio, cómo actuaba. Me miró en el colmo de una indignación -"supongo" una vez más causada por mi atrevimiento de querer saber más sobre lo que esos químicos podían hacerle a mi cuerpo- y me respondió: "son para lo que tiene", bajó la mirada y dio por terminada la consulta.
Me levanté, tomé las recetas, entré al baño y las rompí en pedacitos. Pensé en llevárselas al consultorio nuevamente y en tirárselas sobre el escritorio, pero estaba débil, me sentía aún mal, había sido atacada y no pude reaccionar. Una vez en el auto, reaccioné con mucha rabia contra mí misma y me llamé cobarde...
Qué curioso no? la cobarde era yo, reaccioné contra mí, pero realmente soy yo la que debo sufrir y ser agredida otra vez, por mí en este caso, o es quién me había "atendido" de esa manera? Pensé en denunciarla, hablar en la sociedad médica, etc, etc.… después pensé, pensé mucho, una y otra vez. Me di cuenta que sí, que tendría que haberle exigido me hablara de otra manera, que me explicara lo que había preguntado sobre el funcionamiento de los medicamentos, que yo tenía tantos derechos como ella, no sólo por paciente, sino por ser humano... pero me di cuenta también estaba frente a una pobre mujer, muy pobre, que debería tener mucho resentimiento y dolor, mayor aún que el de mis intestinos, para "cagarse" de esa forma en mí. Seguramente en ese momento su aparato digestivo estaba sufriendo mucho más aún que el mío.
Dudé en subir esta historia, no se qué reacciones tendrá. Sólo concluyo que a veces los que creemos que estamos sufriendo más somos los que debemos cruzar la vereda para saber cómo se ve el mundo del otro lado. Si fuera yoghi terminaría esto con Namasté. No lo soy, así que finalmente expreso: Doctora, andate a cagar.
Quizá ese fue mi atrevimiento, "suponer" y acá recaigo en mis amados diccionarios: dícese de... y encuentro dos definiciones: 1.- Considerar una cosa verdadera o real a partir de ciertos indicios o señales, sin tener certeza completa de ella; 2.- Considerar una cosa cierta, verdadera o real para desarrollar un razonamiento o actuar de cierto modo.
Lo que yo consideré, en mi osadía, como real, verdadero o cierto, era que tenía derecho a ser escuchada; lo que consideré como real, verdadero o cierto, era que un profesional de la salud iba a tomar en cuenta mis derechos como paciente e iba a contestar mis preguntas; lo que consideré como real, verdadero o cierto... es que además iba a esta frente a una persona que, supuestamente, en la Facultad de Medicina o mediante su práctica, había desarrollado la empatía.
Y sí, NO se debe suponer, ni considerar. No fui escuchada, fui tratada con displicencia, no se consideró lo que expresé y se me despidió indicándome con un vómito de palabras cómo tomar tres remedios que me recetaba. Utilizo la palabra "vómito" porque así sentí la indicación: "Usted me cae mal, no resisto recibirla y por eso vomito lo que siento, acá lo tiene". Es imposible entender algo así, por lo tanto totalmente bloqueada le pregunté me repitiera la indicación. Lo hizo y me preguntó: Entendió ahora??? También le pregunté para qué era cada remedio, cómo actuaba. Me miró en el colmo de una indignación -"supongo" una vez más causada por mi atrevimiento de querer saber más sobre lo que esos químicos podían hacerle a mi cuerpo- y me respondió: "son para lo que tiene", bajó la mirada y dio por terminada la consulta.
Me levanté, tomé las recetas, entré al baño y las rompí en pedacitos. Pensé en llevárselas al consultorio nuevamente y en tirárselas sobre el escritorio, pero estaba débil, me sentía aún mal, había sido atacada y no pude reaccionar. Una vez en el auto, reaccioné con mucha rabia contra mí misma y me llamé cobarde...
Qué curioso no? la cobarde era yo, reaccioné contra mí, pero realmente soy yo la que debo sufrir y ser agredida otra vez, por mí en este caso, o es quién me había "atendido" de esa manera? Pensé en denunciarla, hablar en la sociedad médica, etc, etc.… después pensé, pensé mucho, una y otra vez. Me di cuenta que sí, que tendría que haberle exigido me hablara de otra manera, que me explicara lo que había preguntado sobre el funcionamiento de los medicamentos, que yo tenía tantos derechos como ella, no sólo por paciente, sino por ser humano... pero me di cuenta también estaba frente a una pobre mujer, muy pobre, que debería tener mucho resentimiento y dolor, mayor aún que el de mis intestinos, para "cagarse" de esa forma en mí. Seguramente en ese momento su aparato digestivo estaba sufriendo mucho más aún que el mío.
Dudé en subir esta historia, no se qué reacciones tendrá. Sólo concluyo que a veces los que creemos que estamos sufriendo más somos los que debemos cruzar la vereda para saber cómo se ve el mundo del otro lado. Si fuera yoghi terminaría esto con Namasté. No lo soy, así que finalmente expreso: Doctora, andate a cagar.
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