Miedos y tiros

Miedo, mucho miedo, mi madre llegaba tarde del trabajo y en la esquina había un “comité”; eran frecuentes las corridas y los tiros a cualquier hora del día. 
No sé por qué siendo tan chica sentía el temor que mi madre, que caminaba diariamente las más de quince cuadras que la separaban del trabajo de ida y venida, un día no llegara a casa. ¿Y si una de las balas perdidas la tocaba o la hería o la tiraban o…?  no sé cuántas preguntas me hacía ni por qué? 

Yo tenía 7 años cuando el golpe y por más que la tiranía se extendió mucho más, en la época del comité y los tiros era más pequeña aún.

Pero recuerdo el temor, más bien el terror y cuando este me envolvía y no podía correr de él, me tiraba en la cama, arrollaba las piernas y las sujetaba con la misma fuerza que cerraba mis ojos y le pedía a Dios me devolviera a mi mamá a casa.

Ella siempre volvió, no recuerdo su rostro ni su expresión esos días. Pero sí recuerdo un día en especial que con lágrimas en los ojos destruyó sistemáticamente hoja por hoja muchos libros y apuntes y rompió a pedazos, que luego transformó en pedacitos discos de pasta… eran sus lecturas y sus músicas amadas, prohibidas y confiscadas. 

Por esa época teníamos un primo bancario, que obviamente había caído y las represalias eran siempre temidas.

Luego me confesó que lo que más le había dolido romper eran los discos de Violeta Parra y sustituir su música y lectura amada por novelitas baratas de amor (¿o de amor barato???) y por escuchar la misma radio que sintonizaba mi abuela diariamente en la cual uno podía elegir el ‘disco’ que el locutor de moda ofrecía a cambio de que el oyente repitiera el auspiciante gracias al cual iba a complacerlo.

Para muchos fue una cobardía, para mí fue un acto de valentía, sacrificio y amor hacia su hija que con mucho miedo la esperaba día a día durante esos tenebrosos años de nuestras vidas

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