Paz
Y te fuiste, sin hacer ruido, sin alboroto, el que eras en
los últimos tiempos, el que nunca fuiste. La paz negada se instaló en tu boca y
el dolor apretado en mis tendones se peleaba con la seguridad que ya no sufrías
más. Todo había terminado. Las peleas, las desilusiones, lo que se esperaba del
otro y no llegaba, las ausencias, los malentendidos, la enfermedad… la
enfermedad…
Te fuiste sin ruido en una madrugada de sol del mes de
febrero. No aprendí aún lo que es el desapego. Te extraño. Mucho
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