Tango en Buenos Aires
Luces, paredes, sillones y manteles rojos hacen perfecto
marco a la danza de piernas enlazadas, pisadas picaditas, revuelo de polleras,
humo, sensualidad, música… colores, olores, sonidos que me invaden por mi
izquierda, mi derecha, frente a mí, muy cerca. De atrás sin casi
percibirlo aparecen también los bailarines de espeso maquillaje y ropaje que
derrocha brillo y suntuosidad. Bailan un tango exagerado, con mucho levante de
piernas, miradas lujuriosas y caricias aún más íntimas. Las miradas entre ellos
son falsas, pero el público cae subyugado ante esa representación de amor
bailado, de amor sufrido, incomprendido, sollozante, abandonado y perdido. Las
caras del amante llaman a su compañera con un ceño fruncido que traduce un
dolor infinito y casi insostenible. Ella se aleja altanera y decidida ocultando
también su dolor.
Se danza por la lucha, por la caída y el volver a levantarse
por una esperanza jamás perdida… me pregunto si el amor tendría sentido de otra
manera o si existe alguna otra forma de vivirlo, sin tanto drama, sin tanto
problema, sólo sintiéndolo sinceramente, honestamente, revelándose al otro sin
miedos de perder una falsa integridad o seguridad que nos brinda el ocultar lo
que sentimos o lo que el otro nos provoca
Comentarios
Publicar un comentario